Creí que conocía el amor, entonces te conocí.
Creía que en mi cama dormía en paz, ayer me desvelé mirándote.
Supuse que sabía lo que era la felicidad, hasta que mi casa fue nuestra.
Pensaba que mi casa era hermosa, cuando la convertiste en mágica.
Me convenció Vallejos de que el golpe mas fuerte era el del odio de Dios,
Hoy te despedí en el micro.
Al volver a mi casa, ya nada tuvo sentido.
Busqué tus hebillas en el estante y tu cepillito azul junto al mío.
Tu mochila ya no adornaba el sillón, ni tu bombacha el baño.
Te busqué en la toalla amarilla y en las sabanas revueltas.
Corrí a buscarte al balcón, Malinalli lloró conmigo.
Repletos de amor reímos, pelamos, me golpeaste con acelga.
Enredados en dulzura nos regalamos caricias y besos, con risa y sonrisas.
Tuvimos otra hija, cálido hogar, algún paseo, mil amigos.
Me dejaste malcriarte, te deje hacerme feliz, nos dejamos ser.
Te hablé de corrido, me hablaste. Te dije “te amo...”, me amaste en silencio.
El sol ya no ilumina por las mañanas, no tiene a quien molestar.
El agua de la pecera esta seca, le faltan tus manos curiosas.
La brisa no atraviesa la casa si ya no tiene que bajarte la fiebre.
La caja deambula de noche buscando quien la patee.
Y mis labios están heridos sin besarte los hombros.
Nunca estuve mas completo que viviendo a tu lado.
Nunca tampoco más vacío que al volver de Retiro.
