martes, 22 de julio de 2008

Sobre como el silencio se vuelve vacío.


Me molesta y callo.
Me fascina y, silencio.
Aunque nada suceda, yo trago.

Me duelen los pies y la boca.
Y me como los gritos, mi garganta es un nudo.
Y mi alma es un cayo.

Los dientes se caen por temor a ser vistos.
La lengua se seca del temor al intento.
Las encías se pudren, de esperar mas silencio.

Corazón ya no existe, se canso del encierro.
Un pulmón no responde, un pulmón esta muerto.
El estomago duda si es palabra alimento.

Las frases no dichas se acumulan y explotan.
Revientan sin pausa en la panza o la boca.
Nunca tienen cuidado cuanto vientre destrozan.

Ya nada es interno, no hay frontera que cierre.
De tanto Big Bang interno, la piel no resiste y muere.

Y lo que estaba encerrado vuela por todos lados.
Ya nadie entiende nada, todo sigue guardado.
Ya fuera de tus adentro, ahora por el espacio.

Que agradecidos los dientes, los pies, la panza y la boca.
Ahora descansan libres, de palabras celadoras.
De cayos en todos lados por callar de cualquier forma.

Cuanto mejor hubiese sido lograr empezar a hablar.
Tus palabras tendrían destino.
Y así tu alma un hogar.

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